La suspensión estos días de las fiestas de San Fermín trae al recuerdo al escritor estadounidense Ernest Hemingway, quien con sus novelas y reportajes popularizó estas fiestas pamplonesas por todos los rincones del mundo. No habrá Sanfermines, y el aficionado deberá matar la afición con la lectura de una de las obras que contribuyeron a universalizar estas fiestas.

La tauromaquia estuvo presente en muchas de las obras de este singular, polémico y polifacético escritor. Así sucede en Fiesta, su primera novela larga, editada en 1927. Tal vez la más cuidada y para gran parte de la crítica, la mejor de todas.
Encarnado en uno de los protagonistas, Robert Cohn, Hemingway es el eje central de una historia donde juegan un papel protagonista las fiestas de San Fermín y un matador de toros. En la ficción, Pedro Romero, quien estaba inspirado en la figura de Cayetano Ordóñez Niño de la Palma, con quien al escritor le unía una gran amistad. Su argumento narra la historia del viaje a Pamplona de un grupo de americanos e ingleses exiliados en París en los años veinte, y el reencuentro entre Brett Ashley y Jake Barnes, quienes durante la guerra vivieron una intensa relación.
Es una novela donde España aparece como un país exótico, lleno de folclore, flamenco, mujeres, toros, vino y diversión. Todo aquello que deslumbró a este escritor americano durante sus visitas a nuestro país. Por eso, más de ochenta años después de publicada, Fiesta sigue siendo una obra de culto. Todo un misterio literario que propició que las fiestas de San Fermín de Pamplona alcanzaran una proyección mundial. Y gracias a ella se dio a conocer la fiesta de los toros por todo el mundo. Y es parte de la razón de que tantos extranjeros se den cita en las calles de Pamplona estos días.
Ernest disfrutó de las fiestas durante muchos años, y su presencia en la terraza de la cafetería Iruña de la Plaza del Castillo se convirtió en un icono de la ciudad. En España asistió no solo a las fiestas de San Fermín en Pamplona, sino que siguió a toreros por muchas plazas. Las corridas de toros le impresionaron de tal manera que su pasión taurina llegó a ser una constante a lo largo de toda su vida.
Ernest Millar Hemingway nació en Oak Park, Illinois, el 21 de Julio de 1899. Hijo de un médico de Chicago, desde muy niño sintió una gran afición al campo, a la caza y a la vida al aire libre. Este hecho, unido a su espíritu aventurero, definió su existencia. En España asistió a las fiestas de San Fermín en Pamplona, donde las corridas de toros le marcaron y le imbuyeron de la afición. Fue un hombre de acción, enamorado de la caza mayor, de la pesca de altura, de los toros y el boxeo, de la belleza y de la muerte.
La eficacia y expresividad de su estilo, lleno de fuertes imágenes y brillantes descripciones de variados ambientes, le hicieron alcanzar gran éxito. Fue galardonado con el premio Pulitzer por su novela El viejo y el mar y en 1954 le fue concedido el premio Nobel de Literatura.
Hemingway sufrió una depresión paranoide con brotes de alcoholismo que desembocó en su suicidio el 2 de julio de 1961. De Ernest se suele contar la anécdota referida a otro torero, Juan Belmonte, quien cuando le comunicaron la noticia de que Ernesto se había suicidado, sólo dijo dos palabras: “Bien hecho”. Y poco después, en abril de 1962, él hacía lo mismo.









