Volvimos a pasar por las urnas y parece, aunque pueda pesar, que no volveremos a pasar hasta dentro de cuatro años. Viendo el resultado parece que los españoles apuestan por los abanderados de la democracia y el progresismo. Y yo me pregunto, ¿democracia para quién?.
Bea Hiraldo
Llevo años criticando que el nuevo socialismo no es más que un juego de patio de colegio resumido en “o conmigo o contra mí”, y esto a los aficionados a la fiesta nacional nos repercute de forma directa, pues la tauromaquia ha sido la baza electoral de algunos partidos siempre en beneficio de voto.
De un lado el patriotismo de VOX y el compromiso por defender las tradiciones de nuestro país ha influido de forma directa en el voto de los que por algún lado nos apasiona este mundo, y a los datos me remito. Un crecimiento del único partido que ha defendido sin complejos que esto es un arte que hay que proteger, promover y defender. Ahora solo hay que ver en la praxis si esto es real, supongo que muchos quedamos escarmentados cuando el PP en un arrebato de pasión por la fiesta decidió proclamar por Real Decreto la tauromaquia como patrimonio cultural, pero después ya nunca se supo cuál es su convicción al respecto.
De otro lado, los victoriosos que de forma manifiesta han dejado clara su postura entorno al mundo taurino. Pablo Iglesias es rotundo con su no a los toros, pero ¿y nuestro presidente?. Si nos guiamos por sus camaradas en municipios y provincias creo que está claro. Pero, sin embargo hay una cuestión que me inquieta. ¿Cómo va afrontar acatar la Constitución sin atacar la tauromaquia? Como ya decía nuestra fiesta, es patrimonio cultural, y nuestra norma explica de forma tácita cual es el deber de los poderes públicos al respecto. Me desconcierta, además que no debe de olvidar que gobierna para todos, lleven el color rojo por bandera o no.
Solo son especulaciones, pero lo que sí es una realidad es que el domingo mientras me acercaba a ejercer mi derecho al voto me inundó una sensación de desolación e incertidumbre abismal. Soy consciente que ningún partido va a ser el salvador de la tauromaquia, pero quién nos va a defender del desconocimiento y la ignorancia que nos ataca. Incluso por un momento estuve a punto de escapar de la urna, pues todos son los culpables de que la tauromaquia se haya convertido en un debate político y social en recompensa a voto.
Esta fiesta nunca tuvo colores, era y debe de ser del pueblo y para el pueblo, donde los que quieran comulgar lo hagan de forma libre. Y me temo que esto ahora queda muy lejos de la realidad.









