Rompió una puerta de la manga de chiqueros y tuvo que ser abatido a tiros por la policía local.
La Feria de las Novilladas de Algemesí vivió ayer una tarde especial que pasará a la historia y no por lo que hicieran los novilleros en el ruedo, que también fue brillante. Pero el argumento fue otro bien distinto.
Después del parón para la merienda, el tercero salió engallado y haciendo cosas raras. Como si estuviese reparado de la vista. Arrolló a Miguelito y poco después se llevó por delante a su peón de confianza, Sergio Pérez, que sufrió una cornada en el muslo derecho.
La lidia era caótica y el público tomo partido por los toreros, pidiendo que se devolviese el novillo a los corrales. Tras unos minutos de bronca e incertidumbre, finalmente, y con el primer tercio cumplido, el palco sacó el pañuelo verde y los mansos saltaron a la arena. Y aquí comenzó todo. El novillo arremetió con violencia contra los cabestros una, otra y varias veces, hasta hiriendo a uno de ellos. Contra otro topó de manera espectacular y ambos fueron al suelo. Más carreras hasta que la tropa, por fin, enfila la puerta de chiqueros, pero en la manga que lleva a los corrales, el novillo de Talavante consigue reventar una puerta y -hay que recordar que el coso de Algemesí, hecho totalmente de madera y desmontable, está instalado en la antigua Plaza del Ayuntamiento y no está cerrado- y el animal, junto a un manso, escapa. Cunde el pánico en los bajos de la plaza, puesto que mucha gente aún no habla subido a los tendidos tras la merienda, mientras que el astado huye por las calles de la ciudad. En su carrera llega hasta el parque y los límites de la ciudad, hiriendo a una señora que encuentra a su paso. En la plaza, mientas, se hace un llamamiento al público para que nadie abandone los tendidos y permanezca en su localidad hasta que se resuelva la situación. Finalmente, agentes de la policía local abaten al novillo a tiros y logran reducir y sujetar al manso. La pesadilla ha terminado y lo que queda en anécdota podría haber sido una tragedia. Y la novillada de feria, la octava función del abono, al garete.
Lo que sucedió luego ya no tuvo mayor trascendencia y nadie le echó cuentas. Otra pena









