Días de mucho, vísperas de nada…

Diego San Román y José Fernando Molina apenas pueden lucir con una sosa novillada de Daniel Ramos.

Paco Delgado

Foto: Juan Antonio García

Algemesí, 27 de septiembre. Séptima de feria. Lleno.

Cuatro novillos de Daniel Ramos, bien presentados y nobles pero de poco fondo.

Diego San Román (de lila y oro), entera y tres descabellos, silencio; tres pinchazos y descabello, silencio.
José Fernando Molina (de carmesí y oro), pinchazo y estocada, silencio con aviso; tres pinchazos, entera, silencio con aviso.

De las cuadrillas destacó, en banderillas y bregando, Javier Perea.

No todos los días son fiesta. Además de otras consecuencias, laborales,  sociológicas, económicas, etcétera, no habría cuerpo que aguantase. Y, también, ya lo dice el refrán: días de mucho, vísperas de nada.

Se tendría que haber estado más sobre aviso y con la mosca en la oreja tras el gran éxito que supuso la función del jueves, pero el cartel de la séptima tampoco era moco de pavo y atrajo a muchísima gente que abandonaba decepcionada los cadafales del palenque trapezoidal de Algemesí al acabar un festejo que había ilusionado a todos. Se esperaba más, mucho más del ganado de Daniel Ramos, que envió un encierro muy bien presentado, bien comido y lustroso que, pese a que sacó nobleza y bondad, duró apenas nada, desfondado y enseguida apagado.

Con este material los novilleros actuantes tan sólo pudieron mostar actitud más que otra cosa. Diego San Román enganchó pronto a la muleta a su primero, tirando siempre de él, aguantando dudas y parones, pasándoselo muy cerca y sacando todo lo que tuvo un novillo en una gran demostración de capacidad técnica y valor pero que acabó estropeando al tener que descabellas hasta tres veces para acabar con su oponente.
El cuarto empujó al caballo de parte a parte de la plaza, poniendo a prueba a un picador tan experimentado y solvente como Tito Sandoval. Pero ahí se acabó el animal, que se fue parando progresivamente, poniéndose a la defensiva y rajándose finalmente. Una lástima.

Tampoco tuvo José Fernando Molina un lote ideal para poder mostar sus muchas dotes y calidades. Su primero se lo pensaba mucho, demasiado, para acudir a sus cites, sin que el albacetense lograse encelarle ni avivarle en un asalto nulo.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…