Los encierros lo “tapan” todo.
José R. Palomar.
Pamplona, en lo taurino, tiene muchas cosas si positivas: el lleno diario de la plaza, el trapío de los toros que se lidian. Y el mérito incuestionable de los mozos tradicionales que corren por la mañana los astados que luego se verán en el coso por la tarde. La grandeza de una ciudad hermosa y un pueblo entrañable. Dicho ésto, y sin querer pecar de derrotista hay que hacer una serie de consideraciones. No todo vale por el hecho de que salga un toro íntegro- incluso mayor que el de las Ventas- y en puntas.
Las cadenas de televisión, que el resto del año dedican un porcentaje ínfimo, por no decir casi nulo a la Fiesta, llenan mañana tarde y noche con imágenes de los encierros. Los telediarios de todas las cadenas no hurtan tiempo a imágenes de las caídas, los toros que se quedan desafiantes en la calle de la Estafeta, y la aglomeración de personas tras el túnel que desemboca en el ruedo. ¿Y el resto del año?…Desparece por arte de magia ese ” interés” presuntamente taurino. No hay información- apenas- de las corridas que se lidian en las ferias importantes. Hay excepciones: los telediarios informativos de Tele 5, que tienen al frente buenos aficionados Pedro Piqueras, José Ribagorda… En cuanto a la pública, que realiza un fantástico programa taurino todos los sábados: Tendido Cero, también se medio olvida el resto de la temporada. Si comparamos los quince minutos diarios que dedican a deportes (algunos minoritarios), a veces ” no se enteran” de lo que ocurre en una plaza- Las Ventas- que ofrece 34 tardes consecutivas de toros. Por no mencionar ferias trascendentes como Sevilla, Valencia, Bilbao o Albacete.
Los encierros han perdido su propio respeto, por el que deberían velar los propios mozos, dejando que extranjeros borrachos o con desconocimiento de ese noble arte de correr delante del toro, llenen las calles e impidan a los que saben poder resguardarse, y provocan un taponamiento en el túnel tras el que los toros entran en el ruedo. Y las cadenas no pierden el tiempo en estas disquisiciones: lo importante es esa imágen impactante, esa cogida espectacular, ese guiri sin orientación que se mete en el fregado que debería causar un respeto litúrgico. En cuanto a lo estrictamente taurino, resulta ya anodino escuchar esas charangas que cantan una canción de hace 50 años: “La chica ye-yé, comiéndose y bebiéndose lo que no está escrito. Es una falta de respeto a los matadores que se juegan la vida en el ruedo, y ante unos toros realmente impresionantes.
Estrategia
Los propios toreros, todavía quedan lo que son fieles a su estilo, saben que la orejita caerá a buen seguro, mientras la estocada caiga más o menos en lo alto. Y si antes hay que prodigar seis rodillazos y un desplante en la zona de las peñas,¡ mejor que mejor!. Y se conceden trofeos sin sentido. Lo del soniquete de que “cuando algo realmente importante ocurre en el ruedo” las peñas se callan, hay que ponerlo en cuarentena. Los toros son un rito litúrgico, como el que va al teatro, o a misa. Y es un espectáculo al que no se acude a divertirse, como dice Fernando Sánchez Dragó, sino para aprender. El aficionado aprende cada tarde. Eso precisa determinados silencios. No es necesarios que sean los de la Maestranza, porque cada plaza tiene su personalidad. Pero el espectáculo que se ve en el graderío produce muchas veces sonrojo. Y toreros del estilo de Urdiales, Aguado o Morante (aunque éste último no acude ultimamente), difícilmente pueden desplegar su estilo ante la marabunta y griterío más propio de un campo de fútbol…
En cuanto a los carteles que confecciona la Casa de Misericordia, en general nada que objetar, o pocas cosas. ¡Hombre!, creo que el Cid merecía una despedida con todos los honores… Pero me fastidia ese cartelito que rehúsa la competencia, dejando fuera a la figura del momento en el rejoneo: Diego Ventura, y optando por el de la tierra ( que sin duda ha sido una figura de época ecuestre), con el consabido Armendáriz, y ahora su hijo. Eso, señores de la Casa de Misericordia, no es pensar en el aficionado, en la competencia que precisa la Fiesta. Sino ceder ante vetos impresentables, que bien es cierto, se producen también en otras plazas (por ejemplo las del Norte que lleva Chopera) y diversos cosos.
Por esas razones y otras que quizá me deje en el tintero, dejé hace años de acudir a esa feria ( salvo que me obliqaran motivos profesionales), pues recuerdo en mi niñez cuando Pamplona era todavía Pamplona. Aunque en mi retina todavía produce cierta repulsa las imágenes de esos urinarios de la Plaza del Castillo, donde algunos mozos borrachos vomitaban sangre. Ya a mediados de los noventa, admiré el arte de Emilio Muñoz una gran tarde (creo que recordar que actuando junto a César Rincón). Posteriormente he seguido y lo haré este año por televisión determinadas corridas pero, como decía al principio, el toro íntegro no puede tapar tantos despropósitos como ocurren en esa plaza, y en esa feria.









