Los que conocíamos a José Cubero Yiyo personalmente y seguimos de cerca su trayectoria desde que fuera un crío asistiendo a la Escuela de Tauromaquia de Madrid hasta su ascenso a figura del toreo precoz, no podemos olvidar la trágica fecha del 30 de agosto de 1985 cuando su brillante y prometedora carrera fue truncada por la mortal cornada que recibió de Burlero, el sexto de la tarde de la ganadería de Marcos Núñez. Me alegro que no estuviera en la plaza aquel día pero aún así hay imágenes y recuerdos que nos resultan a todos imborrables.
Para mí primer libro, La mujer en el mundo del toro, publiqué una sentida entrevista con la madre de Yiyo, Marta Sánchez de Cubero, que recordé en el homenaje rendido a la memoria de Yiyo en el 25 aniversario de su muerte, organizado en Las Ventas, por el entonces director del Centro de Asuntos Taurinos, Carlos Abella. Ese día, después de proyectar un video con algunas de las mejores faenas del diestro, el redactor jefe de la revista 6 toros 6, también torero, José Luis Ramón y el matador y ganadero José Miguel Arroyo Joselito, ambos compañeros e íntimos amigos de Yiyo en la Escuela de Madrid, contaron anécdotas sobre su añorado amigo. Fue el vicepresidente de la CAM, Ignacio González, quien se encargó de cerrar el acto.
En primera fila estaban el padre de Yiyo, Juan Cubero, con sus dos hijos, Juan y Miguel. Marta, era la gran ausente en este homenaje pero se entiende. Su marido me dijo que ella no podía asistir a estos actos y además a ellos, los hombres de la casa, y todos toreros, también les costaba muchísimo.
No creo en carteles “malditos” como Pozoblanco, sino en el destino de cada uno, aunque el 26 de septiembre de 1984, fue rodeado de tragedias, después de que “Avispado” de la ganadería de Sayalero y Bandrés infirió la cornada mortal a Francisco Rivera Paquirri, que compartía cartel ese día con Vicente Ruiz El Soro y José Cubero Yiyo. El periodista Ángel Parra Guzmán hizo una curiosa observación en su crónica de la tarde de la muerte de Yiyo: “El destino le había deparado [a Yiyo] a ser el único torero de la historia que había dado muerte a dos toros homicidas: Avispado que mató a Paquirri en Pozoblanco y Burlero que terminó con la vida del más joven de los toreros.”
Muriel Feiner









