La grandeza del toreo. 23 corrida de San Isidro

Por si alguien tenía alguna duda sobre la grandeza del toreo, les recomiendo que repasen el video de lo que aconteció en la vigésimo tercera corrida de la feria de San Isidro, de este año de gracia de 2018.

Francisco Picó.

Empezaré por destacar la soberbia actuación de Enrique Ponce. Por razones de la confirmación de alternativa de Jesús Enrique Colombo, a Ponce le correspondieron los toros segundo y cuarto.

Anduvo, como siempre muy torero en el segundo. La proeza vendría en el cuarto. El garcigrande empezó a mostrar sus dificultades con el capote. Peleó con mal estilo con los caballos. A la muleta llegó con evidente peligro. Sin humillar. Sin entregarse. Pegando gañafones. Tirando cornadas. Con arrancadas cortas. No embestía, arrollaba. Toro difícil, de los que hacen pasar miedo, hasta a los que están sentados en el  tendido.

Y Apareció la grandeza del toreo, de la mano de quizás, del mejor torero de la historia. de  Alfonso Enrique Ponce Martínez, nacido en Chiva (Valencia) el 8 de diciembre de 1971. Con más de 2.000 corridas en su haber y más de 2.500 orejas cortadas. Centenario en diez  años de corridas toreadas (de 1.992 a 2.001) Y no sigo con estadísticas, porque son apabullantes.

Pues bien, Ponce dominó al toro. Impuso su voluntad. Dejó en Las Ventas una magistral lección sobre lo que es arte de lidiar toros. No hubo orejas, porque no podía haber belleza en la ejecución de su toreo. Se le premió con una gran ovación, sin que faltasen voces discrepantes de los que, precisamente, presumen de aficionados, que en ocasiones echan en falta lo que es lidiar toros. De los que creen que decir no siempre, es pasaporte de buen aficionado.

Qué error, qué inmenso error.

Y la grandeza del toreo no terminó con Ponce. Cogió el testigo el francés Sebastián Castella,  en una tarde en la que salvó la vida de puro milagro, tras una impresionante cogida de la que salió maltrecho y herido en el talón de la pierna. Cogida como para matarlo, lo que gracias a Dios no sucedió

Castella, tras  ponerle una venda en la herida, estuvo heroico. Una de las faenas más emotiva de los que hemos presenciado en nuestra ya larga vida. Se impuso al toro. Lo toreo sobre ambas manos. Las series de naturales eran simplemente excelentes. Los tendidos de pie. Toda su labor entre continuas y fuertes ovaciones.

Se perfiló para matar y sin importarle su vida, cobró una gran estocada. Una oreja, otra más. El delirio en la plaza. Tras la vuelta al ruedo pasó a la enfermería. Una vez atendido, rogó a los facultativos que le dejaran salir porque no quería perderse la salida en hombros. Así fue.

Y así, también confesó que, a pesar de algunas leves protestas, quería salir en hombros “porque  me lo he ganado y lo merezco,  será la salida en hombros más feliz de mi vida”

Eso es, precisamente la grandeza del toreo.

Laus Deo.

 

 

 

Nació en Callosa de Ensarriá (Alicante) el 22 de mayo de 1932.
En 1975 se hizo cargo de la sección de toros de la Delegación en Valencia de la Agencia Efe, que simultaneó con la corresponsalía de ABC. En aquella época la delegación de Efe en Valencia, cubría además Alicante, Murcia y Albacete.

En 1990, al crearse en Valencia la Delegación de ABC en la Comunidad Valenciana, se hizo cargo de la sección de toros, además de otras secciones como Defensa, Cultura, Economía, Agenda Local, Tribunales, Sucesos, etc,

Colabora con Avance taurino desde su fundación en 1993.

Ha escrito los libros «Tirando de pico», «Las cien mejores anécdotas del mundo de los toros», «Sesenta años y pico y familia».