Empieza a oler de verdad a Fallas. A dos días de la plantà, las fallas estàn casi plantadas. Llevamos muchos años que una semana antes de los días nobles, los monumentos falleros ya están ubicados por piezas en las calles respectivas. La plantà dejó de ser aquel acto de la noche del 15, donde artistas falleros y comisión unían sus esfuerzos e ilusiones para y por levantar el monumento tras el tradicional sopar de la plantà. En una noche, como sumo un par de días, ¡zas! la falla en pie. Y me remonto a años en que las de Especial eran verdaderamente monumentales y, con los medios de entonces, resultaba más complicada la acción. Todo tendrá su explicación, imagino. Uno que nunca ha sido “fallero oficial” ignora, por supuesto, las interioridades de todas esas cuestiones. No haber sido fallero no significa ser anti-fallero. Lo digo porque en más de una ocasión alguien, al saber que nunca lo había sido, daba por hecho que, entonces, era anti. No. Ni mucho menos. Todo lo contrario. Me gustan las fallas, aunque de pequeño me horrorizaban las tracas. Son la fiesta de mi ciudad y las apoyo desde mi modesta atalaya personal. Otra cosa es en lo que han degenerado: la masificación, la ciudad oliendo a aceite requemado por los cuatro puntos cardinales, las bestias de dos patas que, sin miramiento alguno, se dedican a tirar petardos y masclets sin consideración alguna. Y, lo que más me apena, me enrabia y me fastidia, es lo mal que lo pasa Cooper. Se niega a salir a la calle. Huele la pólvora a varias manzanas vista y lo pasa francamente mal. Sacarlo a mediadía es una odisea; por la noche, más de lo mismo. Y por las mañanas, debe ser antes de la despertà. Pobre Cooper. Pero bueno, como si lo supiera: el día 20 de marzo de todos los años ni se acuerda, ni huele a pólvora pasada ni pone pegas a la hora de salir. Un crack, en cualquier caso.
Os digo que por el momento el regreso a casa es moderadamente tranquilo. En la noche de ayer todavía funcionaban los autobuses de la EMT desde la Plaza del Ayuntamiento, por lo que la vuelta al hogar todabvía es cómoda. Veremos a partir de hoy y, sobre todo, de mañana y pasado, cuando ya todo sea el caos festivo tradicional. Por cierto, otro día me detendré para comentar el caos que ha organizado el concejal Grezzi con el cambio y eliminación de líneas. Se nota que no es cliente de la EMT y tampoco sé si lo ha sido antes, pero ha organizado una buena con los cambios. Pero, digo, que otro día me detendré en ello. Seguramente será en cuanto para llegar a mi casa tenga que pasar antes por Roma…aunque ya se sabe que todos los caminos conducen a Roma.
Antes de cerrar: ayer tuve en CVRadio a los alumnos de L’Escola Borja Collado y Jordi Pérez, junto al profesor, Víctor Manuel Blázquez. ¡Vaya diferencia en el verbo que emplean hoy estos chavales y el que utilizaban otrora los aspirantes a toreros! Da gusto entrevistarles. La preparación intelectual, desde luego, ha cambiado mucho desde que L’Escola se creó. Enhorabuena a quien corresponda, que son algunos…aunque no todos.
Salut!!!