Gómez Carpio, adiós a Las Ventas

Hace dos décadas Julián Gómez Carpio comenzó a adentrarse en el mundo del toro y del festejo popular como si de un juego se tratara… Lo que empezó como un hobby, hoy en día se traduce en 18 temporadas como recortador con más de 1.300 festejos a lo largo de 6 países (España, Portugal, Francia, México, Colombia y Ecuador), resultando vencedor en más de 150 concursos. Hace unos años cumplió el sueño de tener una ganadería, Bellalucía, donde disfruta de su pasión en familia. También dio un paso más allá de los recortes y saltos y ejerce de banderillero de algunos novilleros.
Madrid. Paloma Moreno.

El domingo, a las 12 horas, hará su último paseíllo en Las Ventas en un concurso junto a recortadores legendarios y amigos del madrileño, que quisieron acompañarle en su despedida ante su plaza y su afición.

¿De dónde te viene esa afición?
Mi familia viene de dos pueblos muy taurinos de Madrid como son Morata de Tajuña y Colmenar de Oreja y allí viven mucho la pasión del toro, de los encierros y festejos popuales… Ademas de eso en mi familia, por ambas partes, ha habido antecedentes de matadores de toros. De pequeñito lo he vivido, he jugado al toro en las calles de Colmenar y en Morata. Lo he mamado desde que nací. De ahí me viene la afición. A mi me quisieron apuntar mis padres a la escuela taurina, pero eso no me llenaba. A mí me gustaba recortar más que torear…

¿Cómo entraste en el mundo de los recortes?
Mi primer concurso fue el 2 de octubre de 1999 y fue un poco tarde porque tenía alrededor de 18-20 años. Ahora los chavales suelen empezar a los 16 años. En ese momento no tenía amigos para ir a los toros, porque a mi grupo de amigos no les gustaban, y hasta que fui encontrando gente que me llevaba de toros me escapaba a un complejo taurino –que había antes aquí en Morata– que organizaba fiestas camperas, y en las comuniones echaban vacas. Yo me escapaba para allá y ahí fue donde empecé y aprendí a recortar. Cuando cogí contactos con gente que iba de encierros, fui acercándome a personas como El Peque, Andrés Santander y en una ocasión me dijeron que por Valladolid podías apuntarte a concursos de recortes y me mandaron una solicitud para apuntarme en el concurso de Iscar. Fui para allá y me apunté en el Ayuntamiento para salir al concurso de recortes.

Ha pasado mucho tiempo desde aquel momento, ¿en qué ha cambiado Julián Carpio dentro de este mundo?
Para poder estar tantos años al pie del cañón, te tienes que amoldar a los cambios… Ahora se recorta mejor que antes, como se torea mejor que nunca y se juega al fútbol mejor que nunca. Cuando empecé a recortar, con lo que sentía que transmitía más era con el recorte que yo hacía andando, muy despacito, después seguí con los quiebros –donde quebré mucho por la zona de Castellón– y continué con los saltos, que es la suerte que me llevó a los éxitos. Me he tenido que ir adaptando y cuando ha venido alguien con algo nuevo y pegando muy fuerte,  me ha tocado intentar hacerlo y ponerme a su altura.
Recuerdo una anécdota del primer concurso de recortes que realicé en Morata en mi primera temporada completa, en el año 2000, porque el año anterior hice sólo un concurso. Y me hablaban de Ramón Bellver “El Blanco”, que destacaba mucho por Valencia y hacía un quiebro con una rodilla en tierra. Por esa época eso era una innovación y ahora cualquiera lo hace, pero en ese momento pensé: “Si viene El Blanco a Morata y se tira con una rodilla en tierra, yo me tiro con las dos”. Y así fue, vino al concurso, nos tocó en el mismo grupo, marcó un quiebro y se tiró con una rodilla. Yo me tiré con las dos, en la primera vez que lo hacía, y gané el concurso.

¿Cómo recuerdas tu primer concurso de recortes?
Fue en Daganzo de Arriba y fue muy especial porque entré en la final junto a Antonio Patón, El Jota y El Maño, que para mí era algo increíble porque sólo les había visto en los videos de Jesús Esteve. Quedé en cuarto lugar pero era el hombre mas feliz del mundo, por estar con mis ídolos. Pasé a la final y eso fue increíble. Guardo el trofeo con muchísimo cariño.

¿Hay algún concurso que recuerdes también con un sentimiento especial?
He participado en muchísimos y he ganado otros tantos, pero el concurso de Campeón de Campeones de Las Ventas, en el año 2008, me marcó. La temporada anterior había tenido un problema con la empresa Toropasión y para este día no me habían llamado. Me sentí un poco defraudado por ello y antes de ese concurso fui a ver el de Brihuega, que también lo organizaba Toropasión, y arreglé las diferencias con Miguel Ángel Pérez. Casualidades, ese día le pegó una cornada a Carlos Alonso, que estaba anunciado en Madrid, en un salto del ángel. A los pocos días me llamaron para ir a Las Ventas y yo fui a morir y ganar. Y tuve suerte y gané. Fue una cosa muy importante para mi.
Además, en ese concurso le hice una promesa a mi abuela y le prometí que si salía vencedor me tatuaría su cara. Y así lo hice.

¿Lo que se siente en el mundo de los recortes es tan increíble como se ve desde fuera?
Es algo fuera de lo normal, no se puede pagar con dinero. Yo he vivido cosas en el mundo del toro, que te prometo que Dios te tiene que marcar desde arriba y eso no se paga con nada. Son momentos, nunca más se volverán a repetir.

¿Cómo ha sido tu último concurso en tu plaza, ante tu afición y tu gente?
Fue el día 6 de septiembre e hicimos una exhibición con un novillo para que salieran unos chicos jóvenes del pueblo que están empezando. Para echarles una mano salí con ellos, como si fuera mi despedida, aunque no me gustan mucho y yo sólo me quería despedir, como tal, en Las Ventas, pero la afición sabía que era mi última tarde en Morata. Durante la exhibición el speaker dijo unas emotivas palabras y al presentar a los jóvenes, ellos se fueron hacia atrás para dejarme a mi solo en el centro del ruedo. Fue un detalle muy bonito que no me esperaba, igual que la ovación que me dio mi afición antes dela exhibición donde no pude evitar derrumbarme de la emoción. Me llenó muchísimo el cariño de mi afición.

¿Esos momentos hacen que todo lo malo que has pasado en este mundo se olvide?
Completamente. He tenido varias cornadas, pero te aseguro que pagaría el doble de lo que he pagado en sangre, sudor y lágrimas por volver a sentir lo que yo he sentido. El tributo que he pagado a l a Fiesta es muy poco en comparación con lo que el toro me ha devuelto. Ya no sólo las sensaciones que me ha hecho sentir ni las amistades que tengo gracias a ello, sino que me ha dado una profesión y lo que empezó como un juego hoy en día tengo una ganadería, organizo pueblos y eventos y tengo la suerte de poder vivir de ello, algo que es para los privilegiados.

¿Eres supersticioso antes de ponerte delante de un toro?
No son supersticiones sino manías. Mis rutinas son: un pañuelo blanco en la muñeca, algunas estampitas que llevo siempre y  rezar… En Las Ventas, por ejemplo, siempre me gusta sentarme en el mismo sitio a cambiarme, aunque hayan salido a veces bien y a veces no tan bien las cosas.

¿Cómo afronta un concurso de recortes en Las Ventas? ¿Cómo se lleva, como recortador madrileño, el camino hacia la plaza de Las Ventas?
Es una plaza en la que me encuentro muy bien y siento que me quita años de encima, quizá por la motivación que me da. De camino a la plaza no me salen las palabras, pero al llegar allí y ver a mis compañeros me relajo. En cambio al cambiarme me gusta estar metido conmigo mismo, en el concurso.

A menos de 48 horas de que hagas el paseíllo por última vez como recortador, ¿qué sientes los días antes?
Esta temporada no estoy recortando mucho, porque me estoy dedicando a ser banderillero, organizando eventos, acudiendo a encierros como director de lidia y por ello está siendo un año duro. El martes realicé un Arte Madrileño en Épila y me organicé para descansar los músculos y prepararme física y mentalmente para Madrid, donde voy con el objetivo de siempre de morir y ganar el concurso.

Actualmente eres un referente como recortador y saltador. ¿Algún día imaginaste que aquello que empezó como un juego terminaría siendo lo que es ahora?
¡Ni en mis mejores sueños! Jamás hubiera pensado que el juego que empecé con un amigo y su bicicleta haciendo de toro y yo recortaba, después eso me iba a suponer que iba a poder vivir medianamente bien, con mi ganadería, que la gente me iba a reconocer por la calle, que me iban a hacer entrevistas como ésta… Me siento muy afortunado.