Mario Vilau y Juan Alberto Torrijos salen a hombros en Algemesí pese al poco juego del ganado.
Algemesí, 19 de septiembre
Sexta de feria.
Lleno.
Novillos de San Isidro, muy desiguales de presencia, flojos y deslucidos.
Mario Vilau (de celeste y oro), dos orejas y vuelta al ruedo.
Juan Alberto Torrijos (de grosella Play Radio y oro), oreja y oreja.
De las cuadrillas destacó la de Torrijos.
Paco Delgado
Fotos: Mateo
Después de dos días dedicados a la promoción de los nuevos valores d la escuela taurina de la Diputación de Valencia, y de una primera parte de feria en general sin muchas alegrías, en el sexto festejo del serial, por fin, se recuperó el espíritu de esta centenaria feria y la gente vibró en los cadafales y disfrutó con lo que los novilleros hicieron en la arena de este escenario trapezoidal. Y eso que el ganado lidiado, de San Isidro, de muy desigual presencia, poca fuerza y menos entrega, no lo puso fácil.
El primero que ganó la puerta grande fue Mario Vilau, que derrochó ganas y entusiasmo durante toda la tarde, Se fue a porta gayola a recibir a su chico primero y de rodillas inició su faena, demostrando una actitud y disposición encomiables, llevando enganchado al novillo a la muleta, sin enmendarse, bajando mucho la mano y metiéndose al público en el bolsillo.
Volvió a irse al tercio a esperar a su segundo, que llegó lugo muy parado y a la defensiva al último tercio. El novillero catalán no aceptó la renuncia de su oponente e, incansable, tirando siempre de él, sin pestañear ante sus dudas y parones fu componiendo un trasteo de casta y arrojo que confirma sus ganas y proyecto.
También Juan Alberto Torrijos se fue a toriles a recoger al segundo de la tarde, sin acordarse del percance sufrido hace un año en esta misma plaza, feria y tesitura, soportando sin inmutarse los cinco minutos que tardó el novillo en hacerse presente en el ruedo. Un novillo rajado casi desde el principio y con el que tuvo la virtud de esperarle y no atacarle para ir sacando poco a poco todo lo que tuvo.
Veroniqueó con gusto al que cerró plaza, con más volumen y cuajo, que, muy protestado, enseguida evidenció una alarmante fuerza de fuerzas, Aunque el novillo quiso. Y el novillero también, muy entregado y por la labor, apurando al de San Isidro, que aguantó más de lo que se esperaba.









