La segunda de las dos novilladas sin picadores de esta feria de Algemesi, con la Naranja de plata en juego, se celebró con el tradicional gran ambiente en los tendidos de la plaza y en la calle.
Pedro de la Hermosa de la escuela de Guadalajara, es ya un muy veterana espada que lleva muchos años en la escuela. Lanceó con suficiencia, banderilló con espectacularidad y muleteó con oficio y sobrado conocimiento de la profesión, en un trabajo de buen concepto, aprovechando las excelentes condiciones de su oponente. Al final firmó un epílogo con las dos rodillas en tierra. Mató de una estocada baja.
Bruno Martínez, de la escuela de Castellón, se fue a la puerta de chiqueros a recibir a su antagonista, al que luego lanceó por faroles de rodillas. Y de hinojos prologó y epílogó su afanosa y tesonera faena al segundo, que brindó al profesor de la escuela de tauromaquia de Valencia Jesus Duque. Un trasteo que terminó con el salto se la rana incluido.
Marco Peláez, de la escuela de Colmenar, se mostró como un torero enterado y con oficio. El espada mexicano mostró preparación, conocimiento de la profesión y pisó los terrenos con suficiencia, asentado y firme. Mató de una estocada con asomo, un pinchazo y un bajonazo.
Cristóbal Granero, de la escuela de Alicante, firmö un trasteo serio, entregado, con firmeza y verdad. Sínceridad y disposición fueron los ingredientes de una obra bien coronada por los aceros.
Iker Rodriguez, de la escuela de Valencia, lanceó con templanza, quitó al alimon con Juan de Rocio, y pareó con espectacularidad. Toreo con asentamiento, firmeza de plantas y sentido de la ligazón en un trabajo bien concebido y mejor resuelto. Una actuación convincente.
Juan de Rocío, de la escuela de Valencia, fue cogido al saludar en la puerta de chiqueros al cierraplaza, que le cogió y le corneó con saña en el ruedo. Dotado de personalidad, no dejó indiferente a nadie. Toreó con sentido de la ligazón y de la expresión. Tiene frescura y llega a los tendidos.