Se impuso el gris

Los matadores no lograron sacar provecho de un encierro de La Quinta bravo y acometedor.

 

Albacete, 14 de septiembre
Séptima de feria.
Tres cuartos de entrada.
Toros de La Quinta, bien presentados, bravos en el caballo y nobles y buenos para el torero.
El Cid (de botella y oro), ovación y silencio.
Emilio de Justo (de rojo y oro), división de opiniones y silencio tras aviso.
Tomás Rufo (de burdeos y oro), ovación y ovación.
De las cuadrillas destacó la de Rufo.

Paco Delgado

Fotos: Alberto Núñez Aroca
Un año más La Quinta lidió en la feria de Albacete. Sus éxitos en los años precedentes avalaban su presencia en el presente abono y con toda justicia y también ahora justificó su inclusión en este serial con un encierro sin medidas descomunales, muy ajustadas a su origen; con su seriedad y dándolo todo. Fueron toros que lo dieron todo, pelearon bravamente en varas y embistieron sin aborregamiento y por derecho. Pero no encontraron adecuada respuesta en sus matadores, que, quizá, se acordaron de mayo del 68: seamos realistas, pidamos lo imposible.
Abrió plaza un toro con su seriedad y trapío a pesar de su poca romana, tal como se espera de su encaste y en contra de lo que últimamente sale por toriles: kilos a montón. Peleó en el peto y se dejó pegar, aunque le costase doblar a la salida del tercio. Apretó en banderillas y siguió la muleta de El Cid con ahínco y fijeza, tardando su matador en dar con la distancia y el tempo precisos para canalizar con temple las embestidas de un oponente que siempre buscó pelea y nunca la rehuyó.
El cuarto, también muy en Santa Coloma, tuvo menos entrega, revolviéndose y echando la cara arriba. También muy pendiente del torero que no acabó de acoplarse con él.
Romaneó y apretó con bravura el segundo en el caballo. Emilio de Justo, que se lució con el capote, tuvo que bregar lo suyo para rebajar el ímpetu del animal, encontrando sólo al final el buen pitón izquierdo de un toro que tuvo más de lo que de él se aprovechó, gastando el extremeño su turno en probaturas y escaramuzas, siendo lo mejor de su labor la estocada final.
También el quinto cumplió con celo e ímpetu en el primer tercio y, aun sin acabar de humillar, tomó el engaño con fijeza, pronto al cite y siempre pendiente de la tela roja hasta que decidió que ya habían sido muchos los muletazos recibidos sin que su lidia se fuese arriba. Y buscó las tablas.
Muy en el tipo de la casa, el tercero acusó el castigo en varas aunque se arrancó de lejos a la muleta de Tomás Rufo, embistiendo con humillación y nobleza, repitiendo cuando no se le desplazó hacia afuera. Al natural hubo mucho más ajuste y muletazos más largos y rematados.
Cerró plaza otro ejemplar típico de esta ganadería que siempre que le plantaron delante la franela fue a por ella. Y en ello se afanó Rufo, dejando siempre la muleta puesta y procurando vaciar las embestidas y dejando al final una estocada si bien un punto caída, fulminante.

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Murcia, 14 de septiembre. Segunda de feria. Toros de Juan Pedro Domecq. Morante de la Puebla, oreja y ovación. Manzanares, oreja y silencio. Talavante, dos orejas y oreja.

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