En la foto faltó uno

Alejandro González y Álvaro Castillo abren la puerta grande al aprovechar una buena novillada de Murteira Grave.

 

Albacete, 10 de septiembre
Tercera de feria.
Más de media entrada.
Novillos de Murteira Grave, el quinto corrido como sobrero, bien presentados y de gran juego.
Mario Vilau (de perla y oro), ovación y vuelta al ruedo tras aviso.
Alejandro González (de solferino y oro), oreja y oreja tras aviso.
Álvaro Castillo, que debuta con picadores (de azul noche y oro), oreja y oreja.

Paco Delgado

Fotos: Alberto Núñez Aroca

 

Cuando la multitud entusiasmada cerraba la función llevando en volandas hacia la puerta grande a los destacados de la tarde, se echó en falta un cuarto personaje en el grupo triunfador. A hombros viajaban, en efecto, Alejandro González y Álvaro Castillo, que habían cuajado una gran actuación y cortado dos orejas cada uno; el mayoral de la ganadería de Murteira Grave, que lidió un encierro de nota, con dos ejemplares, primero y sexto, por ejemplo, que hubiesen merecido pañuelo azul. Pero no estaba Mario Vilau. El novillero catalán, que completaba el cartel, perdió ese reconocimiento popular por haber fallado con la espada, pro, con todo, dejó patente su clase, valor y pundonor. No por nada anda por la cabecera del escalafón y suena ya para el relevo inminente. No saló a hombros pero su tarde en Albacete no cae en saco roto.

Abrió plaza Vilau, yéndose a recibir a su primero a porta gayola, un novillo fuerte y distraído que apretó en el caballo y llegó andarín a la muleta. También rodilla en tierra comenzó su faena, valiente, dispuesto y templado, llevando cosido a la tela al de Murteira, animal incansable y de pronta respuesta al cite durante toda su lidia y del que su matador se hubiese llevado algún trofeo de no fallar con el estoque.
Con cuatro faroles de rodillas recogió al cuarto y con cuatro derechazos de hinojos abrió su segunda faena, mandona, con seguridad, muchísimo sitio y pasándose muy cerca a otro novillo colaborador y manejable y que puede que se le quedase ya pequeño. Quiso amarrar ahora su premio y se volcó sobre el morrillo… sin muleta. Pero se amorcilló el burel, falló él con el verduguillo y su gran tarde se quedó sn recompensa tangible.
Se enceló el segundo novillo en el el burladero de la segunda suerte y Alejandro González no pudo darl ni un capotazo antes de llevarle al peto. Luego en el último tercio tuvo buen son mientras le duró el resuello, dejando que el novillero albacetense -hijo del que fura también novillero Gonzalo González, ahora profesor de la escuela taurina local- anduviese sin aprietos en un quehacer intermitente que fue a menos conforme se desinfló el novillo. La voltereta al matar ayudó para pasear una oreja.
Se rompió un cuerno por la cepa el quinto al rematar contra un burladero y el sobrero mantuvo la tónica, buena, del encierro. Acometedor y noble, repetidor y con fijeza, sacando su matador un trasteo mucho más asentado y compuesto que amarró con una estocada que le valió un trompazo y la puerta grande.
Albacete sumaba un nuevo novillero a su nómina torera con Álvaro Castillo, alumno de la escuela que debutó con caballos. Con planta y maneras muleteó con limpieza y soltura. Clavó los pies al suelo y bajó mucho la mano por ambos pitones, alargando la embestida y procurando rematar los muletazos atrás en un quehacer muy entonado y sólido en conjunto.
No quiso ser menos que su paisano y se fue al tercio a recibir al sexto, aunque la cosa no salió airosa. No se arrugó y volvió a torear con firmeza, pulcritud y largura, sin dejarse tocar el engaño y llevando siempre el compás y el mando de una faena a más que tuvo, también, momentos de gran belleza plástica. Albacete tiene toreros. Hay futuro. Aunque no todos salgan en la foto.

Síganos también en:

COLOCA AQUÍ TU PUBLICIDAD

PÍDENOS PRESUPUESTO

Para leer a continuación...

Alejandro González y Álvaro Castillo abren la puerta grande al aprovechar una buena novillada de Murteira Grave.

Cehegín (Murcia), 10 de septiembre. Corrida del 125 aniversario de la Plaza de Toros. Más de media entrada. Toros de Victorino Martín. El Cid, oreja y oreja. Manuel Escribano, silencio y dos orejas. Antonio Puerta, dos orejas y oreja.

Villaseca de la Sagra (Toledo), 10 de septiembre. Última novillada de la XXVI edición del Alfarero de Oro. Dos tercios de entrada. Novillos de Hijos de Celestino Cuadri. João D’Alva, silencio y silencio tras aviso. Jesús de la Calzada, ovación y oreja. Antonio Aparicio, silencio y silencio.