Doble puerta grande en Casas Ibáñez

 

Viernes,  28 de agosto de 2026. Plaza de toros de Casas Ibáñez. Media entrada en tarde soleada. Toros de La Quinta, bien presentados, de espectaculares pelajes  y de juego con fondo aunque algo desigual. Sobresalieron el tercero y el quinto. Rubén Pinar (azul noche y oro), oreja y dos orejas. Román  (grana y oro), silencio tras dos avisos  y oreja tras aviso. Cristian Pérez  (hueso y oro), dos orejas tras aviso y oreja tras aviso. Entre las cuadrillas lidió con  templanza Javier Perea al primero y Raul Ruiz hizo lo propio en el cuarto. Víctor Saugar anduvo oportuno y bien colocado en quites. Presidió José Jesús Navalón, presidente de la asociación de amigos de la plaza de toros. Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en recuerdo de Manuel Rodríguez Manolete, de quién se cumplía el aniversario de su cornada mortal en Linares.

 

Enrique Amat,  Casas Ibáñez 

La plaza de toros manchega de Casas Ibáñez celebró su corrida de feria. Un coso con capacidad para 6.000 espectadores cuya inauguración tuvo lugar los días 28 y 29 de agosto de 1957 en sendos festejos en los que tomaron parte toreros como Carlos Saldaña, Abelardo Vergara, Emiliano Redondo y el rejoneador Bernardino Landete.

Tarde agradable, buen ambiente en los tendidos y ganas de pasarlo bien entre los asistentes en una corrida de toros organizada por la empresa ganadería hermanos Martí, en la que se lidió un encierro de La Quinta, ganadería que venía de triunfar días antes en Bilbao. Bien presentado, algunos con mucha romana, con pelajes propios de su encaste santacolomeño,  y de juego variado, con fondo de bravura si bien algo desigual.

Abrió plaza Fuentecillo, cárdeno, entrepelado y sobrado de cuajo, que salió de chiqueros enterándose y haciendo hilo. Frente a la muleta, fue y vino, aunque un punto falto de entrega y sin emplearse. El segundo, Pilongo, cárdeno claro, cuajado y con mucha plaza, protestó en el caballo, se salió suelto y, a pesar de ello, derribó. Esperó en banderillas e hizo hilo. Y se paró y no dejó de buscar moscas en el tercio final.

El tercero, Cedacero, cárdeno muy claro, fue mal picado. Con todo, tuvo prontitud en las embestidas, con transmisión y metió la cara con bravura, fijeza y emoción. Un toro de buena nota.
El cuarto, Conejo, también con mucho volumen, empujó en varas con un solo pitón. Esperó mucho en banderillas y llegó al tercio final muy manejable, aunque escaso de fondo y fuerza, ayuno de poder y claudicante. El quinto, Barquero, ensabanado y capirote, también con mucho lustre, si bien escobillado de pitones. No fue muy castigado en el caballo. Y metió la cara en el tercio final con fijeza, muy atemperado, humillando y siempre repitiendo las embestidas. Y el cierraplaza, Sereno, también cárdeno como sus hermanos, más terciado de cara, renegó en el caballo haciendo sonar los estribos. En la muleta exigió firmeza de manos, sometimiento y pidió en todo momento el carnet de profesional a su matador.
Encabeza el terceto Rubén Pinar, quien triunfó en la corrida celebrada el año pasado en esta misma plaza, en la que se lidiaron reses de Victorino Martín.
Lanceó con poderío  y buen son al que abrió plaza. Y también planteó una faena profesional con la muleta, ante un astado al que siempre embarcó con la muleta por delante, muy tapado y aprovechando y exprimiendo sus embestidas. Limpieza, oficio, seguridad y autoridad fueron los ingredientes de un trabajo de excelente concepto. Mató de una estocada entera un pelín caída y de efectos contundentes.
Y templó y pulseó con gran tino al claudicante cuarto, al que supo cogerle el ritmo y la distancia en series cadenciosas, sentidas y muy pausadas. Al igual que sucedió en su anterior oponente, ayudó mucho a romper a su oponente. Mató de una gran estocada.

Por su parte, el coletudo valenciano  Román,  quien tuvo notable éxito ante el encierro de La Quinta el día de San José de 2025 en Valencia, frente a su primero no tuvo más opciones que lidiarlo con brevedad, aunque luego, para matarlo, paso las de Caín.

Y firmó un trabajo comunicativo y afanoso ante el quinto, en el que logrö momentos lucidos, aunque no terminó de haber un total maridaje entre toro y torero. Mató de una buena estocada y dos  golpes de verduguillo.

Cerraba el cartel el prometedor espada manchego, Cristian Pérez. Bien con el capote, brindó la muerte de su primero al que fuera futbolista y seleccionador de España, José Antonio Camacho. Lanceó con vistosidad y plantó cara con sinceridad, disposición y entrega a un encastado oponente frente al que se justificó, aunque no acabó de ser capaz de meterlo en los engaños ni someterlo. Pero el trasteo tuvo emoción y conectó mucho por el público. A pesar de matar de una media estocada muy trasera y otra estocada y un golpe de descabello, fue premiado con dos orejas.

Saludó con una larga al sexto, frente al que de nuevo plantó cara con entrega, convencimiento, candorosa disposición y generosa actitud, si bien pasó  por momentos más fatigas de lo deseable.  Mató de media trasera y una estocada desprendida.

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