El 11 de agosto de 1966, tras un primer intento frustrado por una cornada a destiempo, Paco Camino doctoraba a quien sería uno de los diestros más poderosos e influyentes del último cuarto del siglo XX y que pasaría a la historia al caer heroicamente ante un toro casi 20 años más tarde.
Hijo del encargado del matadero de Barbate, Francisco Rivera Pérez, desde bien pequeño, descubrió su gran afición por el toreo y con tan solo siete años, se atrevió a torear una vaquilla en un tentadero y, en 1961, con apenas trece años -había nacido el 5 de marzo de 1948, en la localidad gaditana de Zahara de los Atunes-, se vistió de luces por primera vez. Fue en Barbate y tres años más tarde lidió su primera novillada con picadores en la desaparecida plaza de toros de Cádiz. Alternó con José González “Copano” y Rafael Jiménez Márquez, con reses de la vacada del marqués de Villamarta.
Sus éxitos y triunfos en la categoría, como el conseguido en Sevilla el 1 de mayo de 1966, cortando tres orejas en una novillada en la que le acompañaron Pepe Luis Segura y Manolo Sanlúcar, o los logrados en Barcelona, convencieron a su apoderado, José Flores “Camará”, de que había llegado el momento de la alternativa, fijada para el 17 de julio de 1966, con Antonio Bienvenida y Antonio Borrero “Chamaco” como padrino y testigo, respectivamente, de la ceremonia, pero el primer toro, “Batalero”, del Marqués de Domecq, le hirió gravemente en el muslo derecho al torearle de capa, sin que llegase a consumarse la ceremonia del doctorado. Operado por los doctores Olivé Millet y Olivé Gomá, convaleció durante casi un mes para estar a punto, volver a torear y tomar esa alternativa frustrada por un percance.
Finalmente se hizo matador de toros en esa misma ciudad el 11 de agosto, vestido de celeste y oro, y en esta ocasión con Paco Camino y Santiago Martín “El Viti” en el cartel. El toro de la ceremonia se llamó “Zambullido”, y pertenecía a la ganadería de Carlos Urquijo.
Rafael Manzano, en el semanario El Ruedo, resumía así la actuación de Paquirri en aquella tarde: “El bicho de la alternativa se llamaba “Zambullido”, negro y abrochado de cuerna. Lo ha lanceado sin apretarse. Con una vara se cambió el tercio. Colgó dos buenos pares de banderillas. Le entrego los trastos de matar Paco Camino entre los aplausos del público. La res se colaba y tenía mucho sentido. Paquirri, con muchos nervios, estuvo breve, y después de una faena por la cara, rindió a su enemigo de un pinchazo y una estocada hasta la bola. Aplausos.
El que mató en último lugar era también una peligrosa res, que calamocheaba en el engaño. Ha estado Paquirri valiente, pero sin redondear un triunfo. Lo despenó de un pinchazo y una estocada en buen sitio. Aplausos.
Se me planteaba la duda que ha venido suministrando tema a los tertulianos ¿debía tomar Paquirri la alternativa o ya estaba doctorado desde julio? No resuelve la duda del reglamento, informe y confuso, centón de artículos que despacha tan importante cuestión con un par de líneas muy discutibles. Dos tesis hay, muy dispares entre sí: una afirma que se es matador de toros por el simple hecho de hacer el despejo con matadores de toros. La segunda que el doctorado lo infiere el hecho de recoger los trastos de manos de un padrino.
En efecto, la duda podría caber ayer cuando el diestro no tocaba el toro hasta que el padrino, después de entregarle los trastos, le cedía el toro para que el nuevo espada lo matase. Ahora, al actuar el espada por delante, ya tiene el toro cedido desde que da los primeros capotazos. Está autorizado a moverse como tal en la plaza”.





