Cuando la, al parecer interminable, feria de San Isidro ya enfila su recta final, no pocas son las notas que van quedando guardadas; unas en la retina, otras en la memoria y otras, muchas, apuntadas en un papel para dejar luego constancia de lo sucedido en este trascendental y destacado serial madrileño que se convierte a lo largo y ancho de un mes en el eje del mundo taurino.

Dentro del triunfalismo, las muchas puertas grandes, el récord de orejas concedidas, los llenazos lógicos e ilógicos, la juventud en gran número, empieza a preocupar la situación actual de la aceptada como primera del mundo, que muchos no consiguen comprender en su estado actual. Argumentan que se ha disparado y algunos sectores empiezan a inquietarse.

El de ayer fue un festejo distinto a lo habitual. Un espectáculo emotivo, en el que el argumento fue el concepto de tauromaquia como lidia, como sentido del riesgo.

La feria de San Isidro deja cada año imágenes, actuaciones y comportamientos que invitan a la reflexión. La pérdida de la lidia clásica, el protagonismo de los subalternos y matadores banderilleros, las salidas a hombros, la actitud de algunas figuras, la presencia de El Juli y del Rey Felipe VI en los tendidos o la irrupción de nuevos valores son algunos de los aspectos que han llamado la atención.

COLOCA AQUÍ TU PUBLICIDAD

PÍDENOS PRESUPUESTO

PÍDENOS PRESUPUESTO