Raros y sorprendentes por lo menos. La sociedad cambiando y ya no la reconoce ni la madre que la parió. Los sanisidros de ahora con menos figuras y toreros interesantes que nunca y más llenos que en la vida y con la plaza no abonada más cara desde hace pocas temporadas, parece no tener una explicación lógica.

Las grandes rivalidades del toreo siempre trascendieron el ruedo. Desde Pedro Romero y Pepe-Hillo, Cúchares y Chiclanero, Bombita y Machaquito, Gallito y Belmonte, Manolete y Arruza, Dominguín y Ordóñez, El Viti y Diego Puerta, las peleas entre “El Cordobés” y Camino hasta la reciente tensión entre Morante y Roca Rey, la competencia entre figuras ha sido uno de los motores emocionales de la Tauromaquia. En una época marcada por el compañerismo y la ausencia de pique entre toreros, el interés que hoy despiertan Morante y Roca Rey demuestra que cuando hay figuras con personalidad, capacidad artística y rivalidad auténtica, la Fiesta sigue muy viva.

Su aparición causó sorpresa. Una cierta indiferencia en un primer momento, cuando buscaba abrirse paso en el tan difícil mundo de los maletillas y rindió a todo el mundo cuando, por fin, logró alcanzar la meta que se había propuesto y la gente se volvía loca con lo que hacía. Manuel Benítez “El Cordobés”, que acaba de cumplir 90 años, fue un caso y se le sigue recordando como un fenómeno.

Hay tres circunstancias nuevas y sorprendentes, y también positivas, para la Tauromaquia: el aumento por televisión de festejos taurinos incluso por las públicas y abiertas (lo que es muy bueno), el aumento de la juventud como espectadora de toros y los NHB que cuelgan con antelación increíble pese a tener ahora menos toreros interesantes que nunca con sólo dos figuras: Morante y Roca Rey.

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