Las grandes rivalidades del toreo siempre trascendieron el ruedo. Desde Pedro Romero y Pepe-Hillo, Cúchares y Chiclanero, Bombita y Machaquito, Gallito y Belmonte, Manolete y Arruza, Dominguín y Ordóñez, El Viti y Diego Puerta, las peleas entre “El Cordobés” y Camino hasta la reciente tensión entre Morante y Roca Rey, la competencia entre figuras ha sido uno de los motores emocionales de la Tauromaquia. En una época marcada por el compañerismo y la ausencia de pique entre toreros, el interés que hoy despiertan Morante y Roca Rey demuestra que cuando hay figuras con personalidad, capacidad artística y rivalidad auténtica, la Fiesta sigue muy viva.

Su aparición causó sorpresa. Una cierta indiferencia en un primer momento, cuando buscaba abrirse paso en el tan difícil mundo de los maletillas y rindió a todo el mundo cuando, por fin, logró alcanzar la meta que se había propuesto y la gente se volvía loca con lo que hacía. Manuel Benítez “El Cordobés”, que acaba de cumplir 90 años, fue un caso y se le sigue recordando como un fenómeno.

Hay tres circunstancias nuevas y sorprendentes, y también positivas, para la Tauromaquia: el aumento por televisión de festejos taurinos incluso por las públicas y abiertas (lo que es muy bueno), el aumento de la juventud como espectadora de toros y los NHB que cuelgan con antelación increíble pese a tener ahora menos toreros interesantes que nunca con sólo dos figuras: Morante y Roca Rey.

Treinta años después de su alternativa, la figura de José Pacheco “El Califa” sigue latiendo con la misma intensidad que en sus tardes más memorables. Torero de verdad, forjado en el compromiso y la autenticidad, su trayectoria es la historia de una emoción sin concesiones, desde la conquista de Madrid hasta los percances que marcaron su destino, un recorrido que explica por qué su nombre permanece imborrable en la memoria del toreo.

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