Una nueva lección de los franceses. Artículo de Carlos Bueno

De forma espontánea, pura y sincera, los espectadores que el sábado pasado colmaban la plaza de toros de Arles se pusieron a cantar al unísono La Marsellesa, el himno de Francia, después de que un cretino antitaurino se tirase al ruedo para intentar agredir a El Juli. Fue el mejor ejemplo de unión y de apoyo al respeto y a las libertades que se pueda imaginar. Fue el mejor ejemplo de que la tauromaquia no tiene tintes políticos y que pertenece al pueblo.