Padilla maravilla. Artículo de Carlos Bueno

En tiempos en los que la inmediatez se impone y el esfuerzo cotiza a la baja el ejemplo de Padilla es sublime. El Ciclón convertido en Pirata puede retirarse satisfecho después de enarbolar la bandera de la rebeldía ante los infortunios, de la entrega absoluta, de la fortaleza titánica, de la perseverancia incansable. Hace siete años una cornada en Zaragoza le cambió la vida, pero ninguna de las 40 sufridas pudieron con él.

Lo que deja un adiós

Se cierra la temporada española con la despedida de varios toreros. Alguna anunciada, otras inesperadas. Todas destacadas. Despedirse no siempre es fácil, especialmente cuando la persona que se va ha significado algo más o menos importante, aunque, como decía el dramaturgo noruego Henrik Ibsen, sólo lo que se pierde es adquirido para siempre.

Cabezas pensantes

De lo que no puede caber ninguna duda, pese a quien pese y lo que digan los agoreros, es del tirón que, pese a quien pese y lo que digan los agoreros, tiene, sigue, teniendo y, pienso, tendrá la fiesta de los toros. Los toros es algo que, al menos es España y alrededores, está en nuestros genes y, como la mala leche o la generosidad, no se puede eliminar de nuestro mapa de ADN así como así.

Rigor desigual, exigencia desbordada.

El respeto a los cánones y la seriedad son fundamentales para la pervivencia de la tauromaquia. Sin rigor el toreo carece de sentido. Sin exigencia no hay triunfo legítimo. Pero en los toros, la emoción y la diversión deben cohabitar y tener diferentes baremos según la plaza donde se toree, del mismo modo que no es justo despojar de un éxito merecido a un chaval de una escuela mientras se rebaja el listón con las figuras.