Rigor desigual, exigencia desbordada.

El respeto a los cánones y la seriedad son fundamentales para la pervivencia de la tauromaquia. Sin rigor el toreo carece de sentido. Sin exigencia no hay triunfo legítimo. Pero en los toros, la emoción y la diversión deben cohabitar y tener diferentes baremos según la plaza donde se toree, del mismo modo que no es justo despojar de un éxito merecido a un chaval de una escuela mientras se rebaja el listón con las figuras.

Un milagro incompleto

Un año más, y pasan de largo los cien, Algemesí se convirtió en la gran cita de la novillería y en uno de los centros de atención del mundo taurino durante el final de septiembre. Sin embargo, el regusto que queda no es demasiado dulce…

Becerristas: torerillos prodigiosos. Artículo de Carlos Bueno

Los alumnos de las escuelas de tauromaquia salen a la plaza con unos conocimientos técnicos que antaño sólo alcanzaban muchos matadores con la experiencia que daban las diferentes situaciones vividas con el paso de los años. Esa apariencia de capacidad de resolución tan evidente resta emoción a sus labores e incrementa la exigencia sobre ellos. Y es que hoy en día todo va muy deprisa, aunque en el toreo todo debería ser “despasito”.

El corbatín del milagro

Me  impresionó, como a tantas personas, la cogida al entrar a matar de Fortes a un sobrero del Conde de  Mayalde. Primera de abono de la Feria de Otoño de Madrid. Un toro de Madrid y de ganadería no comercial. Paliza impresionante como pocas y con la suerte de no recibir cornadas gravísimas como en otros tantos casos  e incluso cosas peores.