Lo que deja un adiós

Se cierra la temporada española con la despedida de varios toreros. Alguna anunciada, otras inesperadas. Todas destacadas. Despedirse no siempre es fácil, especialmente cuando la persona que se va ha significado algo más o menos importante, aunque, como decía el dramaturgo noruego Henrik Ibsen, sólo lo que se pierde es adquirido para siempre.

Cabezas pensantes

De lo que no puede caber ninguna duda, pese a quien pese y lo que digan los agoreros, es del tirón que, pese a quien pese y lo que digan los agoreros, tiene, sigue, teniendo y, pienso, tendrá la fiesta de los toros. Los toros es algo que, al menos es España y alrededores, está en nuestros genes y, como la mala leche o la generosidad, no se puede eliminar de nuestro mapa de ADN así como así.

Rigor desigual, exigencia desbordada.

El respeto a los cánones y la seriedad son fundamentales para la pervivencia de la tauromaquia. Sin rigor el toreo carece de sentido. Sin exigencia no hay triunfo legítimo. Pero en los toros, la emoción y la diversión deben cohabitar y tener diferentes baremos según la plaza donde se toree, del mismo modo que no es justo despojar de un éxito merecido a un chaval de una escuela mientras se rebaja el listón con las figuras.

Un milagro incompleto

Un año más, y pasan de largo los cien, Algemesí se convirtió en la gran cita de la novillería y en uno de los centros de atención del mundo taurino durante el final de septiembre. Sin embargo, el regusto que queda no es demasiado dulce…