Un rabo para Flores

León, 1 de febrero. Tres cuartos de entrada.

Toros de Los Encinos y Jaral de Peñas.

 

Guillermo Hermoso de Mendoza, dos orejas y ovación

Enrique Ponce, ovación y vuelta

Sergio Flores, ovación y dos orejas y rabo

André Lagravere “El Galo”, vuelta y oreja

Otra puerta grande para Luis David

Encarnación de Díaz, 1 de febrero.  Casi lleno. Corrida de feria.

Toros de Begoña, el séptimo premiado la vuelta al ruedo.

 

Emiliano Gamero, silencio y ovación

Antonio Ferrera, oreja y silencio tras dos avisos

Luis David, ovación y dos orejas

Leo Valadez, silencio tras aviso y ovación

El día que se acabaron los toros

La prensa americana, tan original y rápida, tan influyente y de tan largo alcance, denominó al 3 de febrero de 1959 como “El día que murió la música”, en alusión y tributo a Buddy Holly, el compositor y guitarrista cuyo avión se estrelló en Iowa aquel funesto día. Pese a la enorme trascendencia que tuvo el 16 de mayo de 1920, la frase de Rafael Guerra -”Se acabaron los toros”- no tuvo la repercusión de aquella. Pese la tremenda conmoción que produjo en su día la muerte de Gallito y el inmenso legado que dejó. Pero así está hecho este mundo cruel y en España, y menos en el mundo taurino, somos dados a valorar poco lo nuestro.