Padilla maravilla. Artículo de Carlos Bueno

En tiempos en los que la inmediatez se impone y el esfuerzo cotiza a la baja el ejemplo de Padilla es sublime. El Ciclón convertido en Pirata puede retirarse satisfecho después de enarbolar la bandera de la rebeldía ante los infortunios, de la entrega absoluta, de la fortaleza titánica, de la perseverancia incansable. Hace siete años una cornada en Zaragoza le cambió la vida, pero ninguna de las 40 sufridas pudieron con él.

Rigor desigual, exigencia desbordada.

El respeto a los cánones y la seriedad son fundamentales para la pervivencia de la tauromaquia. Sin rigor el toreo carece de sentido. Sin exigencia no hay triunfo legítimo. Pero en los toros, la emoción y la diversión deben cohabitar y tener diferentes baremos según la plaza donde se toree, del mismo modo que no es justo despojar de un éxito merecido a un chaval de una escuela mientras se rebaja el listón con las figuras.

Becerristas: torerillos prodigiosos. Artículo de Carlos Bueno

Los alumnos de las escuelas de tauromaquia salen a la plaza con unos conocimientos técnicos que antaño sólo alcanzaban muchos matadores con la experiencia que daban las diferentes situaciones vividas con el paso de los años. Esa apariencia de capacidad de resolución tan evidente resta emoción a sus labores e incrementa la exigencia sobre ellos. Y es que hoy en día todo va muy deprisa, aunque en el toreo todo debería ser “despasito”.