Para gustos, los toreros. Artículo de Carlos Bueno

La última comparecencia de Antonio Ferrera en Madrid, una actuación en solitario durante la Feria de Otoño, ha desatado pasiones y rechazos. Con sus virtudes y defectos, Ferrera fue pasión, inspiración, serenidad, improvisación, variedad, dinamismo, arrebato, magia… Nadie se aburrió en una tarde completa de total entrega. Por supuesto que se está en el derecho de valorar si hubo momentos en los que no toreó con el asentamiento de no sé quién. Pero es que Ferrera no es ese “no sé quién”, sino él mismo, y así hay que aceptarlo.