Sin propósito de enmienda. Artículo de Carlos Bueno

El mejor argumento para que la tauromaquia perdure son plazas llenas un día sí y otro también. Y para ello sólo existe un ingrediente: la emoción. Tras el paso del coronavirus será necesario reinventarse, renovar sin perder la esencia, ganar casta y capacidad de sorpresa. Si eso se consigue no habrá vicepresidente que pueda con los toros. Pero si no se logra, no harán falta antitaurinos para que todo quede en un vestigio del pasado.