El paraíso perdido

Si Milton levantara la cabeza, se supone que con el cerebro recompuesto, intacto y en su mejor momento de entendimiento y razón, se llevaría un no pequeño chasco al comprobar, cuatro siglos después de que se publicase su más famosa y célebre obra, cómo entiende la gente, sobre todo en España y en el ala más radical de su población, su epopeya sobre el bien y el mal, haciendo especia hincapié en la cuestión de porqué Dios permite el sufrimiento si en su mano está muy fácil evitarlo.